Una vez más constato lo implacable que es el tiempo y a la vez, lo contento que nos sentimos con todas las cosas que nos han ocurrido en estos increíbles 40 años.
Agradecer a Dios por permitirnos llegar a esta edad. A mi familia, de forma especial a mi hija, mis padres, mis hermanos y mis sobrinos por tanta muestra de afecto.
A mis amigos y compañeros de siempre y a todos aquellos quienes se tomaron la molestia de enviar todas esas decenas de correos, llamadas teléfonicas y mensajes de texto recibidos desde tempranas horas de la madrugada del día de hoy. ¡Gracias de corazón!